miércoles, 14 de marzo de 2018
Quiero
lunes, 12 de febrero de 2018
Abrazo el dolor
lunes, 29 de enero de 2018
Una nueva canción
Las sensaciones están a la vuelta de la esquina,
cuando menos lo esperamos.
Se acurrucan en lo más oscuro cuando las buscamos:
cierran la puerta, echan el pestillo, tiran la llave.
Sin embargo, cuando nos olvidamos de buscar,
cuando hemos dejado la esperanza en casa, en el rincón del paragüero, porque decían que no iba a llover,
cuando decidimos aceptar y no esperar,
ahí, la mirada se vuelve más limpia, más aguda.
Se entona, acertando remolonamente la nota, casi sin querer y a última hora.
La cuerda, tensa, casualmente afinada, se escapa y vibra, y algo resuena.
A esa nota la siguen otras, a veces rápido, a veces despacio.
Por momentos se enlentece tanto que parece que se va a quedar en silencio, el corazón da un pequeño vuelco, y de esa tensión acumulada nace una nueva nota, limpia.
No es la canción que esperabas. No es la canción que llevas años escuchando, tantos que casi aborreces.
Tampoco la canción del verano, que la escuchas quieras o no, y apenas dura unos meses y se va de tu vida para siempre.
No es ninguna canción que conoces, pero es la canción que quieres escuchar.
Es la que pones una y otra vez, la que tarareas sin darte cuenta cuando estás distraído, la que pones en el móvil antes de entrar en la ducha.
Una canción, como todas, con altos y bajos, con su estribillo y su letra.
Te dedicas a apreciar cada parte de ella, a disfrutarla.
La letra la vas aprendiendo sola, sin prisa, simplemente a base de escuchar sin analizar, de recrearse en cada sonido.
Y, con suerte, algún día aprenda a tocarla.
No es lo que quería escribir, ni lo que pensaba escribir, pero eso muy pocas veces lo decido yo. No sé si realmente te va a gustar, pero, sea así o no, de alguna forma siento que es acertada.
martes, 28 de abril de 2015
Decir que me encanta acurrucarme en la cama por las mañanas, cuando puedo dar una vuelta más y dormir. Me encanta salir de fiesta, beber, perder el control, recuperarlo y saber que por mucho que al día siguiente esté mal, mereció la pena. Me encanta hacer deporte, sudar, pelear y esforzarme. Dar lo máximo de mí, porque con eso me puedo sentir satisfecho. Me gusta el sol, me gusta tirarme en la hierba cuando hace bueno con alguien al lado. Incluso con una cerveza (bueno, esto no sorprende a nadie). Adoro la comida, me encanta probar casi todo, me encanta comer hasta reventar igual que me encanta una comida tranquila y medida. Me gusta la gente abierta, los abrazos, las sonrisas. Sobre todo las sonrisas. Me gusta escribir, aunque no lo haga tanto como debería, me gusta relacionarme con la gente y me gustaría poder hacerlo más. Me gustaría sentir que me comporto justamente con todos pero probablemente no sea así. Me encanta el olor a hierba mojada, ir de tapas, las sorpresas, lo inesperado. Me encanta jugar a casi todo, quizá a todo, no lo sé (mentira, no soporto el yo nunca y alguna otra bazofia similar). Me gustan las armas, la edad media, el romanticismo, los libros, y el aroma de los libros viejos. Me gusta estrenar cosas, me gusta regalar cosas y viajar...
Me gustan muchas cosas más, que probablemente no recuerde, o no quiera recordar.
Me gustas tú.
No importa, de cualquier modo, cómo era. No importa porque no es así, la memoria es frágil y el futuro incierto. Sólo sé cómo es ahora. Sólo sé que ya no se podían quedar más a la sombra de mis miedos. Imagine el castillo más grande, y lo llené de palabras. Cayeron desbordadas por la catarata más profunda, arrojándose por las puertas y ventanas. Llegaron hasta el más hondo abismo y, una vez colmado, inundaron mi mundo.
Me confundieron, me arroparon, me hicieron soñar, dormido y despierto, con mil posibilidades. Quizá, de alguna forma, me estén diciendo que, tanto sueños como palabras, no están hechos para permanecer encerrados. Que si doy forma a su caja, doy llave a su cerradora y no engraso sus bisagras, sólo conseguiré oxidarme yo, mientras que ellas conseguirán salir. Saldrán cuando ya sea tarde. Cuando la mano que guarda la llave ya no sea firme. Los sueños, las palabras, seguirán siendo jóvenes, ahítas del mismo sentido que las llevó a mí en un primer momento. Ahítas y yo vacío, vuoto, sin nada que ofrecerles más que una mente cansada. Pues ya no habrá mano que empuñe espada, ni pluma, ya no habrá más que migajas de una vida que se consumió, oprimida en la pesadumbre.
Así que quizás es mejor así, quizás de vez en cuando hay que tirarse, arrojarse al mar de palabras, verterse en su corriente y derramarse en las fantasías.
¿Y si me alcanzan mis monstruos? Pues no hay, tampoco, historia en la que no se mezca una sombra que me lleva aún más profundo, a enterrar anhelos y entregarme a la seguridad de lo cotidiano, donde lo conocido es seco, pero yermo.
Si me alcanzan, quizá caiga, quizá grite, puede que llore. Desesperaré, me arrepentiré, como sólo puede arrepentirse alguien que ha actuado. Me condenaré a una vida diferente, que es lo que hago cada día que opto por hacer algo, y cada día que opto por no hacer nada. Si caigo, quizá me levante. Si me ahogo, beberé del agua que me ciega, caeré al sueño profundo, donde, como peces de colores, volverán a tentarme sueños más brillantes, que espantarán la decepción de un fracaso.
Pues no es, sino con derrotas, donde se aprende a ganar, y nadie fue realmente grande encerrado en la rutina.
PD: No sé si alguien leerá esto, o algún alguienes. Realmente no pensaba escribir nada parecido a esto, no era lo que tenía en mente. Imagino, sin embargo, que mis pensamientos se sublevan ante la inanición de acciones para tantas vueltas que acaban cogiendo.
viernes, 17 de octubre de 2014
viernes, 23 de mayo de 2014
El corazón seguía latiendo como años atrás, misma fuerza debajo del pecho, con un ritmo que alternaba trote y galope, y que hacía rebullir la piel entre un cosquilleo. Los mismos dedos ávidos del arado de tinta, las mismas piernas que no se cansan de correr, y todo aquello... ¿por qué? ¿por qué lo había abandonado?
Por una cáscara vacía. Había cogido la armadura, haciendo que me resbalasen las heridas, creyendo hacerme más fuerte. Había batallado mis propios molinos que no pude ganar, perdiendo en ello esperanza, ilusión, alegría y fe. Después de golpes que no dejan huella, pocas cosas marcan. Y había seguido caminando, casi animado por el metal, como un autómata, un paso detrás de otro.
Mi compás era otro, mi latir era otro. Siempre constante, toc-toc, toc-toc, y la dura carcasa se desplazaba en el mismo recorrido recurrente una y otra vez. La guardia alta, y el inerte y frío metal agarrándose como una lata a la piel.
Y es el mismo corazón el que la despierta, el que la anima. Se enfrenta el tic y el toc, el crujido, el latido, el fuego y el hielo, y se cae el armazón de pega. Se despiertan las pasiones y se arma el valor, porque no hay mérito en la mediocridad ni regocijo en la aburrida constancia.
"Ahora serás débil", parecía decirme, sin un rasguño desde el suelo, pero en realidad no lo soy. Soy fuerte para tatuarme mi camino en la piel y dejar que todo el mundo lo vea. Libre para dejar ir a su ritmo a mi corazón sin temor a sus a veces caprichosos pasos, y para seguirle cuando corresponde. Valiente para asumir en mi piel las cicatrices de los errores, y contemplarlas con orgullo según pasan los años.
Porque soy yo el que escribe, yo el que vive, yo el que me grabaré el corazón con los nombres de quién lo merezca.
jueves, 22 de mayo de 2014
que decidí hacerme un sitio entre las nubes,
resolví que si no había luz
no encontraría sombra que me asuste.
Y tras tantos años de vagar en penumbra,
de adecuar los sueños al color del gris,
de masticar y tragar las pasiones,
y vomitar en color carmesí,
resulta que soy una sombra,
sombra de aquello que fui,
y por opacar mi camino
me asusta la luz que hay en ti.
Me quemo, me hielo y me pierdo
borrado en un sueño febril,
quizás me acerqué tanto al negro,
quizás me alejé y te perdí.
En la fría penumbra yo miro
pensando si habrá para mí
alguien cuya luz sea tan fría
que pueda conmigo compartir.
martes, 20 de mayo de 2014
Alas de trapo
miércoles, 14 de mayo de 2014
martes, 6 de mayo de 2014
me he quedado casi inerte de esperarte,
casi ronco de llamarte,
casi ciego de buscarte,
perdido en mis temores.
He soñado, he querido y deseado,
tanto he reído y llorado...
podría decir que he vivido,
y, sin embargo, sólo respiro,
no siento.
He caminado sólo y acompañado,
visitado mil lugares,
navegado ríos y mares,
y tantas veces he volado.
Y sin embargo, no llego.
No llego a sonreír,
no llego a estar completo,
soy consciente, desespero,
no llego a ser feliz.
No puedo sin ti.
jueves, 25 de abril de 2013
Probando...
El sol se filtra por la ventana al tomar la curva, y desaparece. Lo siento igualmente, con su pegajosa calidez empañandolo todo. Brillando en las hojas, reflejandose en la carroceria de los coches y asomandose osadamente al virar el autobus.
La modorra me acompaña en el viaje. Se recuesta en el asiento libre a mi lado, se acurruca en mi hombro, dejandose caer. Se despereza en mi regazo coqueta. Y sin embargo, a pesar de mi propio deseo, jamas he podido caer en los brazos de morfeo aqui.
Los kilometros se deslizan bajo las ruedas del autobus, pasan los mismos arboles, las mismas casas, los mismos dias.
Los gritos y voces de la estupidez se agolpan detras de mi. Molestos en banalidad, mas aun por compartir lo mediocre.
Pasan los minutos, pasan rapido y lento, e inexorablemente me acerco a la letania diaria. Dulce sera el dia en que la senda sea pasado.
miércoles, 24 de abril de 2013
Y sin embargo aquella no parecía su mano. Quizá se debiera al estado de shock, un buen mecanismo de defensa. Quizá a la debilidad que se empezaba a apoderar de él, le agarrotaba los músculos y enfebrecía su frente. Las piernas le temblaban como dos árboles jóvenes descubriendo la brisa en sus primeras hojas. Ahí estaba, ahí, frente a él, tan propia como ajena, y es que nunca más podría considerarla realmente suya.
La imagen quizá hubiera quedado así, congelada en ese instante casi eterno de unos tres segundos, y sin embargo, un grito ahogado rompió la magia, rompió el devenir clásico y monótono de las máquinas. La fábrica pareció agitarse con ese quejido ronco, como despertando de un mal sueño. Su conciencia se desperezó, acercando ojos curiosos y manos ansiosas de quedar desocupadas por unos instantes.
Y así como la fábrica despertaba, también se descubría a su consciencia el horror. Aquella sierra mecánica empapada en sangre, aquél reguero constante que manaba de su muñeca, con un goteo constante contra el suelo. El hilo de sangre se deslizaba lentamente por el suelo, arrastrando su denso curso por las grietas de las baldosas hasta el desagüe más próximo, y aquél devenir proseguía con un curso más escabroso después, perdido a sus ojos.
Sentía que le observaba. No podía ver y estaba inerte, y sin embargo le miraba. Sentía su emancipada presencia como un reproche. Se permitió el lujo de abandonar el pensamiento futuro, de abandonar las consecuencias, pues ya llegaría. Se permitió ese lujo y aún más, opacar el dolor, aturdido. Mirar la roja sangre salpicando en las yemas de sus dedos, que se empalidecían y arrugaban.
Sintió como sus ojos se nublaban alrededor, y la mano quedaba ahí como un foco, único y verdadero. El resto del mundo no existía, no existía ni siquiera el mismo. Y de pronto sintió frío, se vio caer desde fuera, su rostro rebotando contra el suelo, la sangre empapando sus ropas. Sabía, en el fondo, que no quería despertar.
sábado, 5 de mayo de 2012
Voy a hacer un salto al revés
voy a escribir de resaca
porque no tengo otra manera,
igual que no tengo otras manos.
Pienso en encontrarle remedio
a perderme siempre entre las brumas del alcohol
de retirar esta aguja, enterrada entre mis sienes
y sin embargo, me ofreces?
Siempre le echado esta cara
y alguna vez me la han partido
pero no quiero contar entre mis desaires
las copas que pude haber tomado
Si nunca estoy ahíto
es porque bebo demasiado
si nunca estoy contento
es porque río por todo
si me ahogo en mi vaso
es por ti
Y qué más da si todo es por ti
o si tan sólo es la melancolía
cuando, parado, prendido
le echó una mirada y tiemblo
poco a poco me acerco
y vuelvo a hundir la amarga miel en mi garganta...
viernes, 20 de abril de 2012
Destrozao medio cojo le digo que no es necesario,
ella con la boca chica: no puedo evitarlo.
Por sus lindas mejillas, (gotita a gotita),
arroyos van calando,
que mis manos achican con dedos de barro.
Y es que ni limpian ni curan,
no engullen mas tapan la culpa que me he ganado,
porque duele mucho más sabiendo que es mío su llanto.
Como espuma de mar vuelvo y vuelvo a su tez a cavar
presas de sal como en un arrebato,
y de recias que son los ríos son salados.
Y es un brindis por mí, por despojos y trapos
y que voy a querer que caiga por mí la tristeza a puñados
Que yo vivo por vivir, bebo por soñar y duermo por morir,
que mi piel es la de un gato.
Yo, que jamás he sido manso, no puedo aguantarlo.