miércoles, 14 de marzo de 2018

Quiero



Quiero besar tus lágrimas, aplastarlas contra tus mejillas con mis labios. Cortar su atrevida y alevosa caída en una caricia silenciosa. 

Quiero acercarme, tocarte, levemente tan solo, y dejar que mi rostro sean las palabras, que lo sepas, y de mi boca se escape un susurro poco inteligible de lo que dicen mis ojos, tan solo dos palabras.

Quiero enredar mi mano en tu pelo, apartarlo de tu cara, para que tu luz me ilumine. Para que, cuál espejo, la sonrisa que enciendes en mi rostro se refleje en el tuyo, tímida y preciosa.

Quiero abrazarte, estrujarte entre mis brazos, y que mis caricias, mi pecho, y el ronco latido de mi corazón te digan que estoy ahí, que te tengo y no te voy a soltar. Que todo está bien, ya está bien.

Quiero, contigo, tan solo un instante que dure para siempre.

lunes, 12 de febrero de 2018

Abrazo el dolor


Abrazo el dolor, ese pequeño punto amargo que tiene cada sentimiento. Abrazo lo que me cuesta cada vez que separamos las manos, y como las puntas de los dedos se engarfian, intentando enquistarse en una caricia perenne. Abrazo las despedidas, como beberse el último trago ácido de la sidra, apurando hasta el instante más amargo de ella. Mis ojos abrazan a los tuyos, buscándolos, encontrándolos, clavados unos en otros, con un deje de pena anticipando su ausencia. Abrazo como se separan los labios, el último beso, el más largo, el más apurado, saber a miel a hiel, a clavo, eneldo, fresas y cicuta. Ese que nunca baja, nunca se traga, se queda anclado en la garganta, anudando las cuerdas vocales, volviéndolas aún más torpes, aún más sordas. Asumo y odio por igual esos instantes en que se va disolviendo, esos instantes en los que ya te has ido. Esos instantes en los que tu recuerdo es más vívido, pero aún así no puedo tocarte. Esos instantes en los que una canción me recuerda a ti, con el sonido del motor arrancando y los neumáticos poniendo más distancia entre nosotros. No puedo más que abrazar esos instantes, porque con cada aguja que agujerea la piel los sentimientos se asientan. Porque no hay perfección si no hay ausencia, no se puede apreciar si no ha faltado. Porque, sin la despedida, no sabría tan bien ese primer beso apurado nada más verte, seguido por otros trescientos, para empezar. No me sentiría tan bien cuando te adivino con la mirada, no te estrujaría hasta tener que renunciar a que nos fundamos de verdad, solo para reintentarlo la siguiente. No sabría que merece la pena cada instante que puedo estar a tu lado.

lunes, 29 de enero de 2018

Una nueva canción

Hace poco me preguntaste cuando te iba a dedicar un poema. Realmente llevaba tiempo con ganas de escribir algo, pero no encontré el momento, supongo que ahora lo es. Realmente no sé hacerme de rogar (ya lo irás viendo si me aguantas) y tampoco quería en este caso, solo espero que te guste.

Las sensaciones están a la vuelta de la esquina,
cuando menos lo esperamos.
Se acurrucan en lo más oscuro cuando las buscamos:
cierran la puerta, echan el pestillo, tiran la llave.
Sin embargo, cuando nos olvidamos de buscar,
cuando hemos dejado la esperanza en casa, en el rincón del paragüero, porque decían que no iba a llover,
cuando decidimos aceptar y no esperar,
ahí, la mirada se vuelve más limpia, más aguda.
Se entona, acertando remolonamente la nota, casi sin querer y a última hora.
La cuerda, tensa, casualmente afinada, se escapa y vibra, y algo resuena.
A esa nota la siguen otras, a veces rápido, a veces despacio.
Por momentos se enlentece tanto que parece que se va a quedar en silencio, el corazón da un pequeño vuelco, y de esa tensión acumulada nace una nueva nota, limpia.
No es la canción que esperabas. No es la canción que llevas años escuchando, tantos que casi aborreces.
Tampoco la canción del verano, que la escuchas quieras o no, y apenas dura unos meses y se va de tu vida para siempre.
No es ninguna canción que conoces, pero es la canción que quieres escuchar.
Es la que pones una y otra vez, la que tarareas sin darte cuenta cuando estás distraído, la que pones en el móvil antes de entrar en la ducha.
Una canción, como todas, con altos y bajos, con su estribillo y su letra.
Te dedicas a apreciar cada parte de ella, a disfrutarla.
La letra la vas aprendiendo sola, sin prisa, simplemente a base de escuchar sin analizar, de recrearse en cada sonido.
Y, con suerte, algún día aprenda a tocarla.


No es lo que quería escribir, ni lo que pensaba escribir, pero eso muy pocas veces lo decido yo. No sé si realmente te va a gustar, pero, sea así o no, de alguna forma siento que es acertada.

martes, 28 de abril de 2015

Quiero pensar que esta es la manera de darme un aire nuevo. Uno que no me asfixie, vicioso, gastado y caduco. De ver las cosas de otro modo. Dejar que surjan las palabras de dentro, dejar de ser yo el que lo ordene, lo coarte y lo subleve todo a lo que debe ser. Liberarme de mis cadenas.

Decir que me encanta acurrucarme en la cama por las mañanas, cuando puedo dar una vuelta más y dormir. Me encanta salir de fiesta, beber, perder el control, recuperarlo y saber que por mucho que al día siguiente esté mal, mereció la pena. Me encanta hacer deporte, sudar, pelear y esforzarme. Dar lo máximo de mí, porque con eso me puedo sentir satisfecho. Me gusta el sol, me gusta tirarme en la hierba cuando hace bueno con alguien al lado. Incluso con una cerveza (bueno, esto no sorprende a nadie). Adoro la comida, me encanta probar casi todo, me encanta comer hasta reventar igual que me encanta una comida tranquila y medida. Me gusta la gente abierta, los abrazos, las sonrisas. Sobre todo las sonrisas. Me gusta escribir, aunque no lo haga tanto como debería, me gusta relacionarme con la gente y me gustaría poder hacerlo más. Me gustaría sentir que me comporto justamente con todos pero probablemente no sea así. Me encanta el olor a hierba mojada, ir de tapas, las sorpresas, lo inesperado. Me encanta jugar a casi todo, quizá a todo, no lo sé (mentira, no soporto el yo nunca y alguna otra bazofia similar). Me gustan las armas, la edad media, el romanticismo, los libros, y el aroma de los libros viejos. Me gusta estrenar cosas, me gusta regalar cosas y viajar...

Me gustan muchas cosas más, que probablemente no recuerde, o no quiera recordar.

Me gustas tú.
No sé si se hacía así, no sé si recuerdo cómo surgían las palabras de mis dedos, de las teclas de mi teclado, ya no tan viejo. No recuerdo si era en tropelía, cómo ahora, pujando por escapar de la prisión en la que las tengo encerradas, de la que las dejo, de cuando en cuando, escapar a mis ruinosos pensamientos, a mis castillos oscuros, a mi imaginación romántica y exacerbada, colmada de excesos y pasiones. O si salían ordenadas, si al traspasar los muros, y postrarse en un formato que, quizás, alguien más llegue a leer, se mostraban más dóciles. Se dejaban querer, posaban coquetas y se ordenaban de forma que tan sólo tenía que hacer cuál niño pequeño: el cuadrado en el cuadrado, el círculo en el círculo.
No importa, de cualquier modo, cómo era. No importa porque no es así, la memoria es frágil y el futuro incierto. Sólo sé cómo es ahora. Sólo sé que ya no se podían quedar más a la sombra de mis miedos. Imagine el castillo más grande, y lo llené de palabras. Cayeron desbordadas por la catarata más profunda, arrojándose por las puertas y ventanas. Llegaron hasta el más hondo abismo y, una vez colmado, inundaron mi mundo.
Me confundieron, me arroparon, me hicieron soñar, dormido y despierto, con mil posibilidades. Quizá, de alguna forma, me estén diciendo que, tanto sueños como palabras, no están hechos para permanecer encerrados. Que si doy forma a su caja, doy llave a su cerradora y no engraso sus bisagras, sólo conseguiré oxidarme yo, mientras que ellas conseguirán salir. Saldrán cuando ya sea tarde. Cuando la mano que guarda la llave ya no sea firme. Los sueños, las palabras, seguirán siendo jóvenes, ahítas del mismo sentido que las llevó a mí en un primer momento. Ahítas y yo vacío, vuoto, sin nada que ofrecerles más que una mente cansada. Pues ya no habrá mano que empuñe espada, ni pluma, ya no habrá más que migajas de una vida que se consumió, oprimida en la pesadumbre.
Así que quizás es mejor así, quizás de vez en cuando hay que tirarse, arrojarse al mar de palabras, verterse en su corriente y derramarse en las fantasías.
¿Y si me alcanzan mis monstruos? Pues no hay, tampoco, historia en la que no se mezca una sombra que me lleva aún más profundo, a enterrar anhelos y entregarme a la seguridad de lo cotidiano, donde lo conocido es seco, pero yermo.
Si me alcanzan, quizá caiga, quizá grite, puede que llore. Desesperaré, me arrepentiré, como sólo puede arrepentirse alguien que ha actuado. Me condenaré a una vida diferente, que es lo que hago cada día que opto por hacer algo, y cada día que opto por no hacer nada. Si caigo, quizá me levante. Si me ahogo, beberé del agua que me ciega, caeré al sueño profundo, donde, como peces de colores, volverán a tentarme sueños más brillantes, que espantarán la decepción de un fracaso.
Pues no es, sino con derrotas, donde se aprende a ganar, y nadie fue realmente grande encerrado en la rutina.




PD: No sé si alguien leerá esto, o algún alguienes. Realmente no pensaba escribir nada parecido a esto, no era lo que tenía en mente. Imagino, sin embargo, que mis pensamientos se sublevan ante la inanición de acciones para tantas vueltas que acaban cogiendo.
Lurking around,
wandering for some affection ,
bargaining one last caress...

viernes, 17 de octubre de 2014

Non mi ricordo si se facebba così, forse scribbo troppo male, ma non c'è niente da fare. Sono estati più da due anni. Ancora mi mancano certe cose che ho lasciato lì, ancora voglio ritornare qualgiorno. Vorresti ritornare a farlo, vorresti farlo per bene.

viernes, 23 de mayo de 2014

Me quité la armadura y me miré al espejo, me esperaba cualquier cosa menos al joven que me devolvió la mirada. Igual que antes, igual que siempre. Tal y como debería ser, ilusiones y sueños intactos, la misma motivación y ánimo de siempre. Como si me hubiera metido en un tarro de alcohol todos estos años, encontré todo tal cuál lo dejé.
El corazón seguía latiendo como años atrás, misma fuerza debajo del pecho, con un ritmo que alternaba trote y galope, y que hacía rebullir la piel entre un cosquilleo. Los mismos dedos ávidos del arado de tinta, las mismas piernas que no se cansan de correr, y todo aquello... ¿por qué? ¿por qué lo había abandonado?
Por una cáscara vacía. Había cogido la armadura, haciendo que me resbalasen las heridas, creyendo hacerme más fuerte. Había batallado mis propios molinos que no pude ganar, perdiendo en ello esperanza, ilusión, alegría y fe. Después de golpes que no dejan huella, pocas cosas marcan. Y había seguido caminando, casi animado por el metal, como un autómata, un paso detrás de otro.
Mi compás era otro, mi latir era otro. Siempre constante, toc-toc, toc-toc, y la dura carcasa se desplazaba en el mismo recorrido recurrente una y otra vez. La guardia alta, y el inerte y frío metal agarrándose como una lata a la piel.
Y es el mismo corazón el que la despierta, el que la anima. Se enfrenta el tic y el toc, el crujido, el latido, el fuego y el hielo, y se cae el armazón de pega. Se despiertan las pasiones y se arma el valor, porque no hay mérito en la mediocridad ni regocijo en la aburrida constancia.
"Ahora serás débil", parecía decirme, sin un rasguño desde el suelo, pero en realidad no lo soy. Soy fuerte para tatuarme mi camino en la piel y dejar que todo el mundo lo vea. Libre para dejar ir a su ritmo a mi corazón sin temor a sus a veces caprichosos pasos, y para seguirle cuando corresponde. Valiente para asumir en mi piel las cicatrices de los errores, y contemplarlas con orgullo según pasan los años.
Porque soy yo el que escribe, yo el que vive, yo el que me grabaré el corazón con los nombres de quién lo merezca.

jueves, 22 de mayo de 2014

Tan cansado de pasear bajo el sol
que decidí hacerme un sitio entre las nubes,
resolví que si no había luz
no encontraría sombra que me asuste.

Y tras tantos años de vagar en penumbra,
de adecuar los sueños al color del gris,
de masticar y tragar las pasiones,
y vomitar en color carmesí,
resulta que soy una sombra,
sombra de aquello que fui,
y por opacar mi camino
me asusta la luz que hay en ti.

Me quemo, me hielo y me pierdo
borrado en un sueño febril,
quizás me acerqué tanto al negro,
quizás me alejé y te perdí.

En la fría penumbra yo miro
pensando si habrá para mí
alguien cuya luz sea tan fría
que pueda conmigo compartir.
Are you of my size?
Mind if I try you?

martes, 20 de mayo de 2014

¡Guapa!
Sí, tú.

Alas de trapo



La gran ciudad seguía ejerciendo su influencia sobre él. La monotonía, el pesar de los días, el ruidoso silencio de los coches, la cháchara intrascendente y las mentiras mal contadas lo apagaban. Como un pájaro en un invernadero, al que se le hace de noche y cuyos correosos inquilinos extienden su influencia hacia él, adormeciéndolo hasta morir. Porque si no hay fuerza, si no hay vitalidad ni esperanza, ¿de qué sirven las alas?
Los días pasaban, uno, y otro, y otro, tenían números y nombres, que permitían distinguir lo indistinguible, una marca en el tedio. Todo se repetía, la ciudad gris y opresiva, las mismas caras con un aire de alegría y ocupación que acababan por desconcertar. Siempre ocupados en cosas intrascendentes e importantes a la vez.
El cielo, hacía mucho que no veía el cielo… Desde la última vez que había volado, quizás más. Ahora las luces, el humo y el polvo formaban una capa densa, opaca, que tapaba el cielo, y parecía calar la esperanza con brea pegajosa.
“Para poder volar tienes que tener permiso”
“Para poder volar necesitas aprender antes los rudimentos”
“Volar es peligroso si no llevas casco y no lo haces por los sitios autorizados”
Cualquier libro moderno te podía decir esto y mucho más, el dogma se había impuesto. Se intentó desperezar, lánguidamente, constreñido en su reglamentaria indumentaria. Se preguntaba si aún estaban ahí, como antes. Desde que empezara a estudiar no le habían permitido volver a intentarlo. Todo el mundo debía llevar una cincha de cuero reglamentaria A-231, que pegara las alas al cuerpo de forma anatómica, y que no molestara a otros viandantes.
Volvió a su cuarto. Era el día 1325 después del accidente. Llevaba la cuenta, aunque no sabía por qué, le parecía algo importante. Quizá porque quería recordar, quizá por la insana costumbre de etiquetar y acotarlo todo.
Se tiró en el sofá y encendió la televisión. O lo habría hecho, si el mando hubiera querido funcionar. Fantástico, nada funciona en este mundo… Levantó su ropa de encima de la silla y la cama, revolvió su armario y sus cajones, debajo y encima de los muebles, pero no consiguió encontrar una batería.
Al final sucedió sin querer. Nunca miraba allí, evitaba mirar allí. De hecho aquél rincón no pertenecía a su habitación, le habían dicho. Y sin embargo, después de tanto tiempo evitándolo, ahora no podía apartar la vista. Tres tablones de madera, cubiertos de polvo y sujetos por clavos. Detrás de ellos, una promesa.
Antes de darse cuenta ya los estaba quitando. Se levantó un par de uñas en el proceso, pero estaba como poseído, en un sueño, y apenas sí se dio cuenta de que sangraba.
Levantó el primer tablón, y la luz, una luz de verdad, se coló en la habitación, cegándolo sin llegar a detenerlo.
Levantó el segundo y llegó el aire. Brisa y aire puro que entraban ahora a raudales purificando el viciado aire de la estancia.
Levantó el tercero, y llegó ella. “Vuelve”. Una sola palabra que era suficiente. Una sola palabra para recordar su mundo. Una sola palabra para vivir.
Se quitó aquél armatoste estúpido de la espalda, y comprobó con espanto que apenas le respondían las alas. Atrofiadas, caducas, demasiado tiempo… demasiado tiempo sin volver a casa, sin ser él mismo, sin vivir…
Miro hacia abajo con temor  y respeto, la caída era, sin duda mortal. Estaba a punto de echarse atrás.
“Ven a mí”
Saltó, de nuevo sin pensar. Intentó extender las alas. Intentó no pensar en caer, sólo en volar, sólo en llegar a ella.
¿Voló? ¿Cayó? ¿O acaso le recogieron?
Dímelo tú.

miércoles, 14 de mayo de 2014

A donde voy a ir,
qué debo aguantar
qué quiero querer,
qué puedo esperar...

¿A ella?

martes, 6 de mayo de 2014

Me tocaste el corazón por un instante,
me he quedado casi inerte de esperarte,
casi ronco de llamarte,
casi ciego de buscarte,
perdido en mis temores.

He soñado, he querido y deseado,
tanto he reído y llorado...
podría decir que he vivido,
y, sin embargo, sólo respiro,
no siento.

He caminado sólo y acompañado,
visitado mil lugares,
navegado ríos y mares,
y tantas veces he volado.
Y sin embargo, no llego.

No llego a sonreír,
no llego a estar completo,
soy consciente, desespero,
no llego a ser feliz.
No puedo sin ti.

jueves, 25 de abril de 2013

Probando...

El sol se filtra por la ventana al tomar la curva, y desaparece. Lo siento igualmente, con su pegajosa calidez empañandolo todo. Brillando en las hojas, reflejandose en la carroceria de los coches y asomandose osadamente al virar el autobus.
La modorra me acompaña en el viaje. Se recuesta en el asiento libre a mi lado, se acurruca en mi hombro, dejandose caer. Se despereza en mi regazo coqueta. Y sin embargo, a pesar de mi propio deseo, jamas he podido caer en los brazos de morfeo aqui.
Los kilometros se deslizan bajo las ruedas del autobus, pasan los mismos arboles, las mismas casas,  los mismos dias.
Los gritos y voces de la estupidez se agolpan detras de mi. Molestos en banalidad, mas aun por compartir lo mediocre.
Pasan los minutos, pasan rapido y lento, e inexorablemente me acerco a la letania diaria. Dulce sera el dia en que la senda sea pasado.

miércoles, 24 de abril de 2013

Se miro la mano por un segundo, tratando de decidir hasta que punto la conocía. Siempre le había sonado un tanto raro "Lo conozco como la palma de mi mano". Era una frase hecha, por supuesto, pero no se sentía capaz a decir hasta que punto conocía su palma. Sabía su tamaño, por supuesto, su color, su forma (forma de mano, al fin y al cabo). Podía recordar con cierta claridad el grosor de sus dedos, la forma de sus uñas y las cuatro líneas que un quiromante usaría para leerle su fortuna o desdicha, y los años que le quedaban de vida. Podía recordar también los pliegues de las falanges, la flexibilidad de sus dedos...
Y sin embargo aquella no parecía su mano. Quizá se debiera al estado de shock, un buen mecanismo de defensa. Quizá a la debilidad que se empezaba a apoderar de él, le agarrotaba los músculos y enfebrecía su frente. Las piernas le temblaban como dos árboles jóvenes descubriendo la brisa en sus primeras hojas. Ahí estaba, ahí, frente a él, tan propia como ajena, y es que nunca más podría considerarla realmente suya.
La imagen quizá hubiera quedado así, congelada en ese instante casi eterno de unos tres segundos, y sin embargo, un grito ahogado rompió la magia, rompió el devenir clásico y monótono de las máquinas. La fábrica pareció agitarse con ese quejido ronco, como despertando de un mal sueño. Su conciencia se desperezó, acercando ojos curiosos y manos ansiosas de quedar desocupadas por unos instantes.
Y así como la fábrica despertaba, también se descubría a su consciencia el horror. Aquella sierra mecánica empapada en sangre, aquél reguero constante que manaba de su muñeca, con un goteo constante contra el suelo. El hilo de sangre se deslizaba lentamente por el suelo, arrastrando su denso curso por las grietas de las baldosas hasta el desagüe más próximo, y aquél devenir proseguía con un curso más escabroso después, perdido a sus ojos.
Sentía que le observaba. No podía ver y estaba inerte, y sin embargo le miraba. Sentía su emancipada presencia como un reproche. Se permitió el lujo de abandonar el pensamiento futuro, de abandonar las consecuencias, pues ya llegaría. Se permitió ese lujo y aún más, opacar el dolor, aturdido. Mirar la roja sangre salpicando en las yemas de sus dedos, que se empalidecían y arrugaban.
Sintió como sus ojos se nublaban alrededor, y la mano quedaba ahí como un foco, único y verdadero. El resto del mundo no existía, no existía ni siquiera el mismo. Y de pronto sintió frío, se vio caer desde fuera, su rostro rebotando contra el suelo, la sangre empapando sus ropas. Sabía, en el fondo, que no quería despertar.

sábado, 5 de mayo de 2012


Voy a hacer un salto al revés
voy a escribir de resaca
porque no tengo otra manera,
igual que no tengo otras manos.

Pienso en encontrarle remedio
a perderme siempre entre las brumas del alcohol
de retirar esta aguja, enterrada entre mis sienes
y sin embargo, me ofreces?

Siempre le echado esta cara
y alguna vez me la han partido
pero no quiero contar entre mis desaires
las copas que pude haber tomado

Si nunca estoy ahíto
es porque bebo demasiado
si nunca estoy contento
es porque río por todo
si me ahogo en mi vaso
es por ti

Y qué más da si todo es por ti
o si tan sólo es la melancolía
cuando, parado, prendido
le echó una mirada y tiemblo
poco a poco me acerco
y vuelvo a hundir la amarga miel en mi garganta...

viernes, 20 de abril de 2012


Destrozao medio cojo le digo que no es necesario,
ella con la boca chica: no puedo evitarlo.
Por sus lindas mejillas, (gotita a gotita),
arroyos van calando,
que mis manos achican con dedos de barro.
Y es que ni limpian ni curan,
no engullen mas tapan la culpa que me he ganado,
porque duele mucho más sabiendo que es mío su llanto.
Como espuma de mar vuelvo y vuelvo a su tez a cavar
presas de sal como en un arrebato,
y de recias que son los ríos son salados.
Y es un brindis por mí, por despojos y trapos
y que voy a querer que caiga por mí la tristeza a puñados
Que yo vivo por vivir, bebo por soñar y duermo por morir,
que mi piel es la de un gato.
Yo, que jamás he sido manso, no puedo aguantarlo.

sábado, 14 de abril de 2012

El frío se la estaba comiendo, diría que lentamente, pero mentiría. Lo cierto es que el viento helado la esquivaba a duras penas, y sus caricias ella las sentía como cortes. Los colores del invierno lo envolvían todo, perlandolo todo con sus azul hielo, su blanco horchata, su verde fantasmal... y sobre todo su ausencia de sentimientos. La naturaleza no es cruel, no es sabia, simplemente tiene sus leyes y deja vivir a los que saben adaptarse a ellas. Aunque allí había algo más. Tenías que pararte a buscarlo muy detenidamente y, aún así, es posible que no lo encontraras. Podías mirar y mirar y no parabas de ver blanco, y un poco de azul, reflejos en una grieta nada más, luego sólo era blanco. Seguías mirando y seguías en blanco, ora un poco de azul y, de cuando en cuando, el verde de una planta aletargada por tiempo indefinido. Seguías mirando y seguía una sucesión tricolor, el viento, copos de nieve haciendo filigranas y, si te fijabas mucho, podías hasta distinguir alguna figura geométrica o patrón en sus aparentemente aleatorio aleteo. Pero claro, si te parabas a fijarte estabas muerto. Y después de todo esto, sólo falta una cosa... vida. No había nada vivo, el negro de la muerte lo envolvía todo. Todo tenía un matiz más oscuro, la luz apenas traspasaba el denso tapiz de capas de hielo que lo envolvía todo en aquella gruta. Las facetas muy pulidas que componían paredes, suelo y techo apenas bastaban para reflectar la luz, y parecían absorber más de la que dejaban ir.
Y ella seguía allí, parada, dejándose consumir. Sus esperanzas se habían ido con los primeros vahos de humo que escapaban de su cuerpo aún cálido cuando vio que no se podía apenas mover. Se dejó ir a ese mundo de neblina y ensueño, de delirio y calma que atrapa a los que se han dejado de sí mismos. Flotaba en lo onírico, ora pensando en su familia, ora en una cama caliente hasta que acababa por un delirio extrañamente tranquilizador, de esos que te dejan calmado sin saber realmente por qué, y cuando "despiertas" te sientes completamente desorientado.
Sus divagaciones sin embargo se vieron interrumpidas por una luz, pequeña al principio, pero que comenzaba a crecer en intensidad. Representaba una gama extraordinaria de colores, luminosidad, brillo... la llamaba, y ella no pudo ni quiso desoír esa llamada. Con un gran esfuerzo levantó una pierna, bregando por ponerse en pie y avanzar y, mientras extendía su mano hacia aquél deleite visual, todo acabó. Sonó como un "crack", y se quedó de pronto inmóvil, inerte. Sus ojos se quedaron fijos en esa mirada de esperanza, azul dentro de azul, vidriados, apagados y aún así vívidos. Dos pequeñas lágrimas cristalizaron en sus mejillas, y de no haber ya acabado todo le habrían quemado la piel, pero ahora permanecían como piedras preciosas.
En definitiva, el palacio del corazón helado contaba con una nueva estatua...

viernes, 27 de enero de 2012

De agravios

Antes de empezar a adentrarme en cosas más abstractas, más profundas o más lejanas, debo dedicarle esto a todas las personas a las que les debo una disculpa. No creo que llegue a nombrarlos a todos aquí, y estoy casi seguro de que pocos de los aludidos llegarán a leerlo, pero al menos aquí quedará esto.
Le debo una disculpa a Lucía por no intentar reconvertir escombros en una amistad y dejar que la lluvia se lo llevara todo, por pasar en la medida en que no me importaba lo suficiente.
Le debo otra a Bea por estas vacaciones por las que he pasado como un fantasma, sin dar señales de vida, y sin ponerla en el lugar que realmente ocupa.
Otra va para la gente a la que no he dedicado suficiente atención, como puedan ser Alba, Nuria, Lew... gente con la que me hubiera gustado guardar más contacto.
Una se queda en la gente que conocí aquí y a la cuál no he correspondido en varias ocasiones como debería las consideraciones que han tenido conmigo, en concreto Pelayo y David. Espero poder arreglarlo antes de irme, o que se vayan.
La última no es una, son muchas, demasiadas. Demasiadas disculpas que les debo a mis padres por hacerles cargar más de una vez con mi mal humor, mi dejadez y en general con un gran elenco de defectos con los que ellos, mucho más que nadie, han tenido que tragar.
En definitiva, os quiero a todos.